La ciudad más romántica de Portugal, donde la historia se entrelaza con palacios y conventos.

 

Espacio de Ocio Predilecto para los Lisboetas


Este lugar, que ha sido el refugio favorito de los lisboetas, alberga palacios rodeados de jardines que sirvieron como residencia estival de los reyes. Cada monarca que habitó el Palacio da Pena dejó su huella personal en su diseño.



Sintra: Un Encuentro Mágico entre Naturaleza y Arquitectura

Sintra es tanto una sierra como una ciudad, resultado de la armonía entre la intervención humana y la naturaleza. Esta conexión especial irradia magia y misterio a través de la niebla, que envuelve una arquitectura encantada, rodeada por una vegetación frondosa y cuidadosamente planificada, aunque caótica en ocasiones.

En la sierra granítica de Sintra, se encuentran:

  • Palacio Nacional de Sintra

  • Quinta de Regaleira

  • Castillo de los Moros

  • Palacio da Pena

  • Chalet de la Condesa de Edla

  • Palacio y jardines de Monserrate

  • Convento de los Capuchos

La belleza atemporal de este conjunto ha cautivado a poetas y viajeros del Grand Tour, y continúa fascinando a quienes lo visitan por primera vez, por segunda, y por tercera. En 1995, la UNESCO lo reconoció como Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad.






El Centro Histórico



La Quinta da Regaleira está llena de simbología masónica.

Los principales enclaves de Sintra están distribuidos en un entorno cautivador. El recorrido hacia algunos de ellos puede realizarse solo o en compañía de muchos otros. El corazón de la villa actúa como punto de partida. Este encantador núcleo urbano está delineado por calles antiguas y coloridas, repletas de tiendas que ofrecen productos típicos de la región, como la queijada y el travesseiro.

  • La queijada es un pastel redondo con un ligero sabor ácido, elaborado con una mezcla de queso fresco, huevos, azúcar y canela, todo envuelto en una masa fina y crujiente.

  • El travesseiro es un hojaldre dorado y esponjoso, cuyo exterior crujiente da paso a un relleno de crema de almendras.

Ambos dulces se encuentran en tiendas tradicionales donde, sin importar si te gusta o no, puedes comprarlos en la Fábrica das Verdadeiras Queijadas da Sapa y Casa Piriquita, respectivamente. Estos negocios han existido desde antes del Palacio Nacional de Sintra, que ha sido un lugar de veraneo para muchos reyes portugueses desde el siglo XIV. No cabe duda de que los monarcas de cualquier nación tienen un excelente gusto al elegir su residencia estival.

En el interior del palacio, destaca el uso del azulejo, convirtiéndolo en un auténtico museo de este revestimiento cerámico, que es considerado un arte en Portugal. En la vecina Lisboa se encuentra el Museo Nacional del Azulejo, lo que demuestra la importancia de esta piedra, lisa y pulida, que fue introducida por los árabes hace siglos.


Historia y Magia


Las imponentes chimeneas blancas son la característica distintiva del Palacio Nacional.
En el exterior del Palacio Nacional, sus icónicas chimeneas blancas se erigen como centinelas del acceso a la sierra más romántica, enigmática y visitada de Portugal. Este macizo es precedido por la Quinta de Regaleira, una mansión de finales del siglo XIX que exhibe un estilo romántico historicista, donde se fusionan formas arquitectónicas y decorativas góticas, manuelinas y renacentistas con una rica simbología mítica y esotérica. La magia de este lugar se respira en la capilla de la Santísima Trinidad, que da acceso a la cripta, y en un peculiar pozo invertido llamado pozo iniciático, al que se desciende por una escalera de piedra en espiral, relacionada con rituales masónicos.

Sintra no es solo un patrimonio de piedra y vegetación abierto al público. Muy cerca de la Quinta de Regaleira se encuentra Seteais, un palacio del siglo XVIII que actualmente funciona como hotel. Este lugar cuenta con jardines, piscina y un mirador desde el cual los huéspedes pueden admirar el Castillo de los Moros, el Palacio da Pena y vislumbrar la presencia del mar en la distancia. La tentación de hacer una pausa en el ascenso y disfrutar de una noche en alguna de sus habitaciones con vistas es irresistible.

El pozo iniciático, diseñado por Luigi Magnini, simboliza el tránsito de la muerte a la reencarnación.
Ascender en Sintra implica sumergirse en una niebla que envuelve un sendero sinuoso, custodiado por piedras cubiertas de musgo y helechos, donde quienes lo recorren se convierten en seres invisibles. A lo largo del camino, se encuentra la Casa do Adro, donde residió el escritor Hans Christian Andersen en 1866, y el Castillo de los Moros, testigo de la presencia árabe en la región. Muchos años después, Don Fernando II revitalizó lo que eran ruinas medievales al restaurar las murallas y plantar hayas, magnolias, rododendros y eucaliptos en lo que antes era un terreno agreste.


El Fascinante Palacio da Pena




El Fastuoso Interior del Palacio da Pena



Conocido como el Rey Artista, Fernando II transformó el convento de frailes de la orden de San Jerónimo, ubicado en la cima de la sierra de Sintra, en el asombroso Palacio da Pena. Este palacio es uno de los más destacados ejemplos del historicismo romántico del siglo XIX en Portugal y sirvió como residencia de verano para la familia real lusa durante un tiempo. Es una construcción fantástica y ecléctica, un palacio cautivador que no se ve todos los días, aunque todos saben que existe, oculto tras la niebla como un barco navegando entre la bruma.

Como se ha mencionado, el palacio da Pena presenta un diseño extraordinario y diverso que combina varios estilos: neomorisco, oriental, junto con un toque de mansión británica neogótica y elementos manuelinos. Cada monarca que habitó este lugar lo decoró a su antojo, añadiendo un retablo de mármol de alabastro, pinturas murales y revestimientos de azulejos. ¿Qué sería de Portugal sin la belleza del azulejo?





De Suiza a Oriente Medio


El estilo árabe en el encantador Palacio de Monserrate



Don Fernando mandó construir, al pie del Palacio da Pena, un chalet de estilo alpino donde se estableció con Elise Hensler, una mujer ajena a la corte –hasta que se convirtió en la Condesa de Edla–. La pareja contrajo matrimonio en 1869 en segundas nupcias. Este chalet, reminiscentes de una estación de esquí, se rodeó de camelias, azaleas y especies botánicas de todo el mundo. Un jardín que personifica la globalización, impregnado de una profunda carga romántica y dramática, similar a la que exhiben el palacio y los jardines de Monserrate.

Ubicada en una antigua huerta de manzanos y cultivos, esta obra fue concebida por Francis Cook, el primer vizconde de Monserrate, y diseñada por el pintor paisajista William Stockdale, el botánico William Nevill y el maestro jardinero James Burt. En este lugar, los caminos serpentean entre ruinas, cascadas y lagos.

Monserrate ofrece una escenografía digna de Las mil y una noches, con palacios situados en lo alto de montañas cubiertas de vegetación, donde crecen palmeras, secuoyas, bambús, acebos, alcornoques, madroños y parterres adornados con delicadas rosaledas. Este lugar cautivó a Lord Byron, quien fue un gran promotor de muchos visitantes que viajaban a Sintra para descubrir lo que el poeta británico inmortalizó en sus versos.


Un pequeño paraíso






En cada rincón de Sintra, uno se topa con un palacio o un complejo religioso. Este deleite sensorial y visual, a veces desmedido, contrasta con el convento de los Capuchos. Este lugar irradia paz, simplicidad y recogimiento.

  • Celdas diminutas

  • La capillita

  • El refectorio

  • Otras dependencias

Ubicadas en la roca y revestidas de corcho, ilustran cómo se desenvolvía la vida diaria, humilde y austera, de los frailes de la orden de San Francisco de Asís, quienes dieron nombre a este convento por la capucha de sus hábitos. Rodeado de coscoja, acebo, avellano, laurel, roble, romero y lavanda, Sintra es un edén hedonista y divino.


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