Rocosas de Canadá: Los Misterios de las Montañas Esculpidas por Gigantes

 

Las majestuosas Rocosas de Canadá guardan secretos fascinantes sobre su formación y la historia que las acompaña.

La ruta que atraviesa los parques de Banff, Yoho, Kootenay y Jasper serpentea entre bosques que se asientan al pie de imponentes picos y rodean lagos y cascadas, albergando a la majestuosa fauna norteamericana.

En Canadá, cuyo territorio podría alojar casi veinte veces a España, encontramos bahías que amparan ballenas, islas deshabitadas y praderas donde abundaban los bisontes hasta finales del siglo XIX. Sin embargo, al pensar en la naturaleza del país, destacan los picos, bosques y lagos de las Montañas Rocosas.

Maravillas naturales de Canadá

 El tesoro natural de Canadá

El Monte Robson: El más alto del macizo de las Rocosas



Las provincias de Alberta y Columbia Británica son el hogar de los parques nacionales más impresionantes de esta cordillera que se extiende por Norteamérica de norte a sur. Entre ellos se encuentra el cuarteto que la Unesco designó como Patrimonio de la Humanidad en 1984: Banff, Kootenay, Yoho y Jasper. Dos carreteras los interconectan: la Trans-Canada Highway (número 1), que cruza el país de este a oeste, y la Icefields Parkway (número 93), que abarca 232 km entre las localidades de Jasper y Lake Louise, en el parque de Banff.

Con una superficie total de 23,600 km², los parques de las Rocosas canadienses logran preservar uno de los ecosistemas más emblemáticos de Norteamérica, al mismo tiempo que reciben millones de visitantes. Especialmente en verano, cuando la vida silvestre se vuelve más activa, los lagos exhiben sus vibrantes colores y la luz del día se extiende hasta 16 horas.

 



Calgary: La Puerta de Entrada a un Paisaje Sensacional Calgary es el punto de acceso a este impresionante paisaje, gracias a varios vuelos directos que conectan semanalmente con Europa. Fundada en 1875 y considerada la capital petrolera del país, esta ciudad llena de rascacielos, atravesada por el río Bow, ofrece:

  • Un mirador panorámico
  • Una extensa red de ciclovías
  • Precios accesibles según los estándares canadienses
  • Uno de los rodeos más grandes del mundo: el Calgary Stampede, que se celebra en julio y atrae a más de un millón de visitantes.

Además, Calgary es la mejor base para alquilar un coche o una autocaravana y aventurarse a explorar este hermoso territorio.

La belleza agreste de Banff

El primer destino es Banff, un lugar emblemático para visitar el parque nacional más antiguo de Canadá, establecido en 1885. El viaje por la carretera toma menos de dos horas, un tiempo suficiente para encontrarse con algún oso negro, ciervos canadienses, coyotes o incluso un oso grizzly. Los encuentros más comunes suelen ocurrir cerca de los pueblos de Kananaskis y Canmore, que han crecido como satélites de Banff y que fueron escenario de la aclamada película ganadora del Oscar, Brokeback Mountain.

Banff surgió como un destino turístico en la década de 1880, en torno a las aguas termales que descubrieron, por casualidad, tres topógrafos de la Canadian Pacific Railway mientras buscaban la mejor ruta para el tren que cruzaría el país de costa a costa. El resultado fue una línea férrea que no solo conectaba las ciudades del Atlántico y del Pacífico, sino que además ofrecía aguas termales y montañas que se convirtieron en un atractivo por sí mismas. Así, con el objetivo de proteger el paisaje, la vida silvestre y los recursos naturales, pocos años después se estableció el servicio de parques nacionales de Canadá.

El primer destino es Banff, un lugar emblemático para visitar el parque nacional más antiguo de Canadá, establecido en 1885. El viaje por la carretera toma menos de dos horas, un tiempo suficiente para encontrarse con algún oso negro, ciervos canadienses, coyotes o incluso un oso grizzly. Los encuentros más comunes suelen ocurrir cerca de los pueblos de Kananaskis y Canmore, que han crecido como satélites de Banff y que fueron escenario de la aclamada película ganadora del Oscar, Brokeback Mountain.

Banff surgió como un destino turístico en la década de 1880, en torno a las aguas termales que descubrieron, por casualidad, tres topógrafos de la Canadian Pacific Railway mientras buscaban la mejor ruta para el tren que cruzaría el país de costa a costa. El resultado fue una línea férrea que no solo conectaba las ciudades del Atlántico y del Pacífico, sino que además ofrecía aguas termales y montañas que se convirtieron en un atractivo por sí mismas. Así, con el objetivo de proteger el paisaje, la vida silvestre y los recursos naturales, pocos años después se estableció el servicio de parques nacionales de Canadá.




El relax de las aguas termales

Uno de los Muchos Lagos del Parque Nacional Banff

La localidad de Banff sirve como punto de partida para explorar esta vasta reserva natural. En este lugar se encuentran un museo histórico centenario, algunos edificios de hace dos siglos y una variedad de tiendas que ofrecen desde prendas de franela roja y llaveros de alces hasta botellas de sirope de arce –la hoja que aparece en la bandera nacional– así como cerveza artesanal. Hasta hace un par de años, la avenida principal contaba con una sucursal de Hudson’s Bay, la compañía de comercio de pieles fundada en el siglo XVII, cuya influencia es clave para entender la creación del estado de Canadá.

Atracciones y Vistas

En las afueras, se encuentra Upper Hot Springs Pool, una piscina termal con impresionantes vistas a las montañas, y la góndola que asciende el monte Sulphur. Los 2.281 metros de esta cumbre ofrecen una espectacular panorámica de 360 grados. Se puede acceder a pie por un sendero de 5 km y un desnivel de 740 m, pero la góndola brinda vistas impresionantes durante el corto trayecto de ascenso. Este paisaje demuestra que, un siglo y medio después de la declaración de parque nacional, los lugares que cautivaron a viajeros, pintores y escritores de los siglos XIX y XX permanecen inalterados. La belleza de la reserva es tan asombrosa que la oficina de turismo ha adoptado el lema: «sí, este lugar es real».

Con una superficie de 6.641 km², el Parque Nacional Banff requeriría más de una vida para ser explorado en su totalidad. Afortunadamente, la ruta por carretera permite acceder a los sitios más emblemáticos, que están bien señalizados y de los cuales se puede obtener información en el centro de visitantes en Banff. Entre las primeras paradas, destaca el manantial Cave and Basin, considerado un lugar sagrado por las comunidades indígenas de la región. No muy lejos se encuentra el sendero Sundance Canyon, que se adentra en un entorno donde abundan las cascadas y las praderas inundadas.

Lagos, cañones y montañas

 

Cataratas Inferiores del Cañón de Johnston

Tomamos dirección a Lake Louise, otro punto destacado en la ruta de los parques de las Rocosas. Sin embargo, es imposible resistirse a detenerse en el camino para explorar lugares igualmente impresionantes. Un claro ejemplo es Johnston Canyon, un cañón con pasarelas elevadas que conducen a cascadas, pozas naturales y túneles de roca.

Más adelante, encontramos Minnewanka Loop, un circuito de 24 km apto para bicicletas y automóviles. Este trayecto no solo ofrece vistas memorables de los lagos Two Jack y Minnewanka, sino que también permite observar con facilidad a los muflones canadienses (Ovis canadensis). Estos majestuosos carneros, atraídos por su necesidad de sodio, se acercan a lamer el asfalto o la grava al borde del camino. Además, la zona es un popular destino de buceo en los lagos, incluso durante el invierno, cuando están congelados.

Antes de continuar hacia el norte, es recomendable desviarse en Castle Junction para explorar los parques de Kootenay y Yoho, ambos situados en la provincia de Columbia Británica. Kootenay es famoso, especialmente, por Marble Canyon, un cañón estrecho rodeado de paredes de 40 m de altura. Por otro lado, el monte Whymper (2.845 m) es otro de los atractivos del parque, ascendido por primera vez en 1901 por Edward Whymper, una leyenda del alpinismo europeo que fue el primero en conquistar el icónico monte Matterhorn, o Cervino, en 1865, un descenso que resultó en la trágica muerte de cuatro miembros de su equipo.







La Fascinante Belleza de Paint Pots

Kootenay alberga uno de los lugares que mejor ilustran la conexión entre los pueblos nativos y su entorno: Paint Pots. Los ktunaxa extraían pigmentos ocres y rojizos de estas pozas para adornar sus cuerpos o para teñir sus tiendas y vestimentas. Sin embargo, la creación de espacios protegidos en los siglos XIX y XX llevó a los habitantes originales de estas montañas a abandonar las tierras de sus ancestros. Hoy en día, resulta impensable gestionar un parque natural sin la colaboración de las comunidades nativas, aunque en el pasado no siempre fue así.

Los parques de la Columbia Británica reciben solo una sexta parte de las visitas que llegan a Banff. Esto se debe, en gran medida, a las cordilleras que atraviesan la provincia, cubriendo su territorio con picos y cascadas colosales que complican la construcción de carreteras. Por lo tanto, para acceder a Yoho, es necesario regresar a la carretera de Banff o dar un largo rodeo por la ruta 95 y luego tomar la Transcanadiense. Sin embargo, el esfuerzo vale la pena, ya que se puede admirar las impresionantes Takakkaw Falls, que con un salto de 370 metros, es una de las más altas de Canadá. También está el lago O’Hara, otro de esos lugares imprescindibles por su imagen de postal; la única desventaja es el acceso: un sendero de 11 km que solo puede recorrerse en autobús con reserva previa o a pie.

Los lagos icónicos de las Rocosas

Reflejos en el Lago Louise

La Transcanadiense nos lleva a Lake Louise, de nuevo en el parque de Banff. Esta localidad es un destacado destino turístico durante todo el año: en invierno por su estación de esquí y en verano por sus numerosos senderos y su proximidad a lugares espectaculares. Si llegas directamente desde la ciudad de Banff, la mejor ruta es la Bow Valley Parkway. Esta carretera, rodeada de bosques, brinda numerosas oportunidades de avistar fauna –especialmente en la mañana y al atardecer– como osos negros, osos grizzly, wapitís y alces, entre otros. A esta experiencia faunística se le suma la vista de Morant’s Curve, donde el río Bow y las vías del ferrocarril serpentean juntos. Este lugar, famoso entre fotógrafos, adornó las primeras postales turísticas del parque a finales del siglo XIX y principios del XX.

El Lago Louise es el protagonista de la escena más emblemática de las Rocosas canadienses. No es casualidad que aquí, en la década de 1890, se inaugurara el Chateau Lake Louise. Este hotel ofrece vistas idílicas desde su terraza, donde se puede disfrutar de un té acompañado de una deliciosa porción de la famosa tarta de zanahoria local. Una de las actividades más gratificantes es remar en canoa por el lago, lo que permite obtener perspectivas únicas de su entorno y admirar la claridad de sus aguas glaciares. En tierra firme, una red de senderos se adentra en el bosque y llega a miradores panorámicos, como la caminata de tres horas hasta el Agnes Tea House, una cafetería que ocupa un refugio de montaña construido en 1901.

A 14 km de Lake Louise, el valle de Ten Peaks abraza el impresionante lago Moraine. Durante el verano, la afluencia de visitantes suele ser tan alta que es aconsejable aparcar el coche o la autocaravana en las áreas designadas y tomar alguna de las lanzaderas que llegan al lago. Una vez allí, hay varios senderos que ofrecen diferentes perspectivas o que conducen a otros lagos. Sin embargo, la mejor vista, sin lugar a dudas, se obtiene desde Rock Pile, un fantástico mirador que asoma a las aguas turquesas con las majestuosas murallas de roca elevándose al fondo.



La soledad de los bosques

La Carretera Icefields Parkway: Un Viaje por las Rocosas

La Icefields Parkway recorre vastas extensiones de bosques en las Montañas Rocosas.

Nuestro recorrido continúa hacia el norte por esta carretera, que nos lleva a Jasper a lo largo de 232 km repletos de paisajes adornados con lagos, glaciares, cascadas y densos bosques de pinos y abetos. La ruta promete maravillas, pero es recomendable estar preparado para un trayecto en el que la única compañía humana son los vehículos que pasan y, a lo sumo, una gasolinera.


Recorrer esta vía es un objetivo en sí mismo; aunque se puede completar en apenas tres horas, hay numerosas razones para detenerse. Ya sea por los alces que pastan en los lagos Waterfowl durante el verano, o por las burbujas de gas metano que quedan atrapadas en el agua congelada del lago Abraham en invierno.

Una parada obligada es el lago Peyto, famoso por su contorno distintivo que recuerda a un oso o a un lobo, dependiendo de la perspectiva de quien lo observe.



El reino de los hielos

Glaciar en el Monte Athabasca

El agua capta la atención mientras fluye por esta carretera, pero no solo en su forma líquida. A mitad de camino, se encuentra uno de los puntos más accesibles del Columbia Icefield, una de las mayores concentraciones de hielo al sur del Círculo Polar Ártico. Con una superficie de 325 km², este campo de hielo nutre a ocho glaciares principales. Uno de ellos, el Athabasca, se puede explorar mediante un recorrido guiado a bordo de un Ice Explorer, un autobús todoterreno diseñado para transitar sobre el glaciar, permitiendo a los visitantes dar un breve paseo sobre hielos eternos.

Como muchos glaciares en nuestro planeta, el Athabasca está disminuyendo rápidamente. Actualmente, mide 6,5 km de largo y se encuentra casi un kilómetro más alejado de la carretera que hace 80 años, cuando se inauguró la Icefields Parkway. Todo esto se puede aprender en el Icefield Discovery Center, situado junto a la carretera, que ofrece información sobre los valores naturales y la vulnerabilidad de los glaciares a través de exposiciones y material audiovisual.



El parque que parece no tener fin

La naturaleza ha sido una fuente de inspiración para dar forma a los paisajes del Parque Nacional Jasper.

Una vez que dejamos atrás el glaciar, ingresamos a los límites del Parque Nacional Jasper, el más grande y septentrional de las Rocosas canadienses, abarcando nada menos que 10.878 km². Este parque cuenta con un centro de esquí, lagos glaciares y uno de los cielos más oscuros del continente, lo que lo convierte en un lugar ideal para observar estrellas y auroras boreales. La primera parada es la pasarela de vidrio del Skywalk, un mirador con suelo transparente que se asoma a 280 m de altura sobre el extenso valle del río Sunwapta.

Con más de mil kilómetros de senderos y cerca de mil quinientos lagos, el parque Jasper parece no tener fin. Afortunadamente, sus puntos más impresionantes son de fácil acceso. Junto a las cascadas Athabasca y Sunwapta, uno de los mayores atractivos es el cañón del río Maligne. Durante el verano, este valle con paredes de 50 m de altura se puede admirar desde lo alto. En invierno, cuando el agua se congela, el cauce del río Maligne se transforma en un sendero, y sus cascadas se convierten en un desafío que se escala con crampones y piolets.

La localidad de Jasper es un destino mucho menos concurrido que Banff, pero también ofrece bares con cerveza artesanal, centros de tratamientos termales y hoteles de cinco estrellas. Además, cuenta con un teleférico panorámico, el Jasper SkyTram, que asciende hasta la cima del monte Whistlers (2.263 m).

 

Recuerdos de los pueblos nativos



Glaciar sobre el Monte Robson

Desde un mirador privilegiado, se puede admirar en la distancia la cumbre piramidal del Monte Robson (3.954 m), el pico más alto de las Montañas Rocosas canadienses. Los pueblos nativos lo llamaban Yuh-hai-has-kun, que significa «la montaña de la senda en espiral», debido a su apariencia de capas superpuestas.

  • Una red de caminos recorre los valles circundantes, donde se encuentran lagos, cascadas y el nacimiento del caudaloso río Fraser, que serpentea hacia el oeste hasta desembocar en el Pacífico.
  • Desde el lago Moose, se obtiene la mejor vista de esta magnífica montaña.

Este lugar es el cierre perfecto para un viaje a través de cuatro extraordinarios parques nacionales, ubicados en el corazón de una de las cordilleras más extensas del mundo. Edmonton, la capital de Alberta, es la ruta más rápida para regresar a Calgary o para continuar hacia Vancouver, explorando las maravillas de la costa oeste canadiense.







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